Entrenamientos

La importancia de trabajar la fuerza

Cómo influye la fuerza en nuestro día a díaLa fuerza se ha asociado, tradicionalmente, al culturismo y actuaciones circenses. Sólo en las últimas décadas se ha extendido a la población en general, en distintos campos: deportivos, estéticos y médicos. El trabajo de la fuerza estaba reservado para el ejército y determinadas profesiones donde era importante.

La fuerza, en general, está presente en la vida cotidiana, en las acciones de cada día, transportar agua, cortar leña, cargar pesados bultos, etc.

También, tradicionalmente, la inteligencia estaba contrapuesta a la fuerza. Trabajarla era sinónimo de rudo, bruto e, incluso, inculto. De aquí parte de su mala fama. Afortunadamente, ahora tiene otras connotaciones.

En los años 70-80 estaba de moda el aeróbic como base de la salud y de conseguir una figura esbelta debido, fundamentalmente, a los estudios científicos que se centraron en esta cualidad. Sin embargo, no nos olvidemos que la fuerza forma parte de las cualidades físicas básicas. Poco a poco, a los científicos les fue llamando la atención esta cualidad que contribuía a los éxitos deportivos en algunas especialidades deportivas.

Actualmente, no se concibe una preparación deportiva sin la inclusión de programas donde se trabaja la fuerza de manera sistemática en sus diversas manifestaciones. Desde especialidades tradicionalmente pertenecientes a las modalidades de fuerza, como halterofilia, lucha o lanzamientos, hasta los deportes de equipo, tenis, carreras de fondo, e incluso el golf. Sólo hay que fijarse en el torso y brazos que exhibe Tiger Woods.

En la última década, numerosos estudios realizados en muy diversos países la colocan como la cualidad física más importante. ¿Cuál es la razón? Básicamente porque es la cualidad que nos permite mantener la posición, generar el movimiento y frenarlo pero, además, porque es la cualidad que más estimula todas las funciones de la célula muscular.

Los distintos tipos de trabajo de la fuerza supone un gran estimulante de todas las funciones del organismo a nivel hormonal y metabólico, a nivel del sistema nervioso e incluso a nivel cardiorespiratorio. Tanto es así que la velocidad se considera una derivada de la fuerza. Es difícil ser rápido sino se es fuerte. Un movimiento rápido no es más que la contracción rápida de los músculos y, en el lado contrario, la resistencia no es más que un gesto de fuerza de poca intensidad pero repetida muchas veces. Ver a los velocistas correr a la máxima velocidad es ver unos cuerpos musculosos moviéndose de manera coordinada y haciéndose eficaz la técnica. De hecho, el nivel técnico de un deportista está muy determinado, en otros aspectos, por su nivel en la expresión de la fuerza propia de su especialidad deportiva.

Deportistas y actores, como el mítico Arnold Schwarzenegger, popularizaron el uso de las pesas con fines estéticos llevando a miles de jóvenes, y no tan jóvenes, a emularles en el gimnasio con la ilusión de conseguir una musculatura tan espectacular como la de ellos. Comenzaba así el boom de los gimnasios donde, entre otras actividades, el entrenamiento de la fuerza con máquinas y pesos libres era la actividad más buscada. Hoy en día, modelos y actores moldean sus cuerpos en los gimnasios para lograr una imagen más comercial.

Otra de las contribuciones de la fuerza al bienestar de la humanidad está en la medicina, no sólo en la rehabilitación de los miembros o partes del cuerpo dañados, frenando la osteoporosis, sino también en la mejora de los estados de ánimo, como la depresión. Se ha comprobado que los niveles de testosterona en los estados de decaimiento están por debajo de los niveles recomendables. La influencia de esta hormona sobre el estado de ánimo es bien conocida. Por lo cual, al entrenar la fuerza estimulamos la producción de la testosterona, contribuyendo a la elevación del estado de ánimo.

También interviene en nuestra vida sexual, pero donde más recientemente ha llevado sus beneficios es en la medicina geriátrica. Se ha comprobado que la célula humana es entrenable hasta muy altas edades. Las personas mayores y ancianos que tienen una capacidad de movimiento reducida por la pérdida de la masa muscular y de la fuerza, sobre todo de los músculos grandes del cuerpo, al trabajarla mejoraban su capacidad de movimiento, reducían la dependencia de otras personas para realizar los movimientos de su vida diaria, por lo que mejora su autoestima al verse más autosuficientes, y de paso mejoraban el funcionamiento del corazón. Al poder moverse más, también trabajan más el corazón.

Las próximas décadas serán muy productivas en estudios sobre los beneficios del entrenamiento de la fuerza. Habrá que estar atentos a ellos. Es un mundo interesante, de grandes contribuciones al bienestar del ser humano.

Un comentario

  1. Muy buena nota… ! Luego de esta nota habrá que seguir machacando con la Prote famosa. Pues si hay esfuerzo y no hay proteina las lesiones son mas crónicas y severas. Trabajar la fuerza es un muy buen estimulo si se considera que el musculo es el mayor quemador de grasa que hay en el cuerpo..
    Felicitaciones

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